domingo, 27 de julio de 2008

Orgullo nacional


Hoy día Lima parece un mar de banderas rojas y blancas. Y por favor no se asusten mis lectores puertorriqueños que no se trata de una concentración del Partido Popular Democrático. El 28 de julio se conmemora la independencia del Perú, y los limeños abanderan sus casas y portan escarapelas rojas y blancas en sus ropas como muestra de orgullo nacional. Mis amigos peruanos dan este fenómeno por sentando y hasta les parece un poco chabacano y chauvinista. Yo no puedo. Hijo de un país que celebra la independencia de los Estados Unidos, donde más del 90% de sus habitantes prefiere mantener una relación dependiente (en todos los niveles) con la nación norteamericana y que casi la mitad de sus votantes aspira a que la isla se convierta en estado de un imperio desacreditado y en franca decadencia, tales muestras de afirmación nacional no pueden menos que impresionarme. Orgullo nacional. Una frase tan corta, pero tan significativa. Y no es que un sector considerable de los puertorriqueños no lo tenga, pero que mucho ruido hacen lo que los desconocen. Que vergonzosa caterva de energúmenos que se arropan con la bandera ajena pretendiendo ser lo que no son, que desprecian su propia historia y borrachos de placer deliran ante un himno cuya letra no comprenden. Hace mucho tiempo, uno de ellos me dijo que si quería independencia me mudara a una república. Eso hice.
Lima, 27 de julio de 2008