lunes, 31 de marzo de 2008

Para la inmensa mayoría de mis compatriotas puertorriqueños, viajar en taxi es un lujo asociado a los miles de turistas que acuden a nuestra islita en busca de un poco de calor. En Lima, por el contrario, viajar en taxi es algo común.
Para mí, un viaje en taxi limeño es, por lo general, un reencuentro con la música de mi niñez. Esto es así gracias a que la mayoría de los taxistas limeños con los que me he tropezado, no sólo son salseros, sino también devotos del gran sonero puertorriqueño Héctor Lavoe. ¡Gloria a Dios! De ahí que la mayoría de mis viajes en taxis tengan de fondo musical las canciones de mi niñez: Che Che Cole, Aguanile, Abuelita, etc. Intrigados por mi acento y conocimiento de la discografía del Cantante, algunos taxistas no resisten preguntarme “qué de dónde vengo”, qué de dónde soy. “Del paraíso de dulzura” , les respondo, e inmediatamente se desarrolla una especie de camaradería salsera que abre las puertas a las preguntas y los comentarios en torno a la figura del “Jector”: ¿Se cayó o se tiró del balcón del Hotel Caribe Hilton? ¿Todavía lo recuerdan los puertorriqueños? ¿Qué le pareció la película de Marc Anthony? ¿Cuál es su canción favorita? Por lo general, me sugieren no perderme el festival salsero del Callao, donde según me cuentan, Lavoe es muy popular. Una vez llegado a mi destino y pagado por sus servicios, el taxista se despide efusivamente deseándome la mayor de las suertes.
Desafortunadamente, hay un fenómeno creciente que pone en peligro mis reencuentros con la salsa vieja, con la salsa dura: el taxista reguetonero. Viajar en un taxi limeño acompañado de Daddy Yankee, El Father, Wisín o Yandel no me resulta una experiencia atractiva, pues aunque debo confesar haber sucumbido ante las letras y los ritmos de Calle 13, no considero al reguetón uno de los productos “puertorriqueños” del cual deba sentirme orgulloso. Prefiero el trombón de Willie , el piano de Papo o las congas de mi primo Ray . Hasta la próxima, que me voy pa´Katanga.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Jéctor nunca morirá!!!!

Bueno, habría que agregar también al taxista fan de "La hora del lonchecito" que te atormenta con las canciones más huaquedas de Camilo Sesto o Raphael a veces hasta con karaoke y todo.

Se impone un paseíto por el rico Llaoca para ver los murales en homenaje a Héctor y por ahí ganarnos con una presen de Pacho Hurtado aunque presiento que tu consorte preferirá verlo en el Jazz Zone. Así no hay emoción pes`!!!!

Yeli dijo...

Estoy de acuerdo contigo en cuanto a la salsa, difícil que un puertorriqueño no se les estremezcan las entrañas al oir salsa (sobre todo de la vieja) en un taxi o en cualquier lugar.
Conocí a tu hermano Edwin por medio de Jorge que es mi hermano del alma. Estuve en Lima 3 meses hace varios años y me encantó.
Gusto en saludarte, te seguiré visitando.
Un abrazo salsero desde Miami
Yeli